LA INSTRUMENTALIZACIÓN IGNORADA

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Enrique P. M, director de Marketing de la Sociedad G. T., profesional serio y competente, comprometido con sus responsabilidades y con los objetivos de su función, presenta a su Dirección Central  el plan estratégico de su entidad para el año siguiente.  Ha dedicado muchas horas a prepararlo con su equipo,  hasta diseñar una base conceptual  y numérica sólida, coherente y, aparentemente, muy viable. Después de discutirlo, sus superiores le demandan una serie de ajustes y correcciones. Hechas éstas, según las instrucciones recibidas, presenta su Plan 2. En esta ocasión las cosas se ven de manera totalmente diferente, ya que se juzga, todo él, demasiado prudente.

Enrique discute, convencido, sus puntos de vista, pero sus ideas no prosperan, por lo que tiene que acatar una reconversión del proyecto. Nuevamente trabaja con empeño con su equipo y preparan el Plan 3, más atrevido y ante el que no se siente tan seguro, pero que supone, esta vez, conciliará todas las ideas. En este momento, en el que han transcurrido algunas semanas desde la anterior presentación, la corriente de los vientos ha cambiado de rumbo en las «más altas esferas» a causa de ciertas predicciones financieras anticipadas y ahora todas las apuestas y bendiciones se  inclinan por buscar la estabilidad  más segura y mejorar la rentabilidad a costa de las ambiciones  de expansión.  El  ejecutivo, que creía lo mismo al principio pero que se vio desmentido en sus apreciaciones por «los headquarters», se encuentra, de nuevo, contracorriente.  Ha presentado  un plan exageradamente  optimista  que no encaja para nada con  la política general  que en ese  momento se quiere establecer para el año siguiente.  Por supuesto,  ninguno de sus superiores asume  o recuerda que fueron ellos quienes le instaron a aumentar todas las cifras. Se debe aceptar que fue su propio error de apreciación y e1,  con prudencia política, así lo asume. Sugiere entonces volver al Plan 2 pero tampoco se considera éste demasiado acertado.  Lo instruyen para que armonice  todos los  números con una nueva propuesta.

Prepara  el Plan 4­ No es correcto… Prepara  el Plan 5 … Parece que se va acercando …  Le sugieren  una remodelación  entre el  Plan I y el Plan 4. Paulatinamente,  el señor P.  M.  se va sintiendo menos dueño de su  responsabilidad y apenas un ejecutor que va poniendo sobre  el papel lo que le van dictando…  Plan 6… Plan 7- .. Enrique, que ha perdido la sensación de implicación, coherencia y compromiso, solamente espera y desea acabar con ese incómodo tema que le está robando tan­ to tiempo y distrayendo  de otros asuntos urgentes y prioritarios.

Al final,  la  Dirección  Central acaba, prácticamente,  dictándole  el Plan Final Definitivo  (el número 9), que no anda demasiado lejos, más bien resulta casi idéntico, de los Planes I y 2. El ejecutivo  da por cerrado el asunto sintiendo que «moralmente» aquello es ajeno a su compromiso de responsabilidad y que «intentará hacer todo lo que pueda».

 

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