Cataluña y la Constitución del 78: la necesidad de constituirnos en Estado plurinacional

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Casi nada de lo que ocurre estos días en Cataluña puede entenderse sin acudir a la crisis económica —deriva en política y social— que sacudió los cimientos de Europa y de España desde 2008, y que todavía continúa. La insatisfacción popular producida por los recortes sociales, los desahucios, el rescate a la banca y el largo etcétera de despropósitos tomó una forma especial en Cataluña.

Efectivamente, el independentismo catalán, minoritario hasta hace bien poco, ha crecido alimentado por la insatisfacción y descontento general por el mal funcionamiento del Estado y sus instituciones.

Efectivamente, las críticas al Gobierno central y a su gestión de la crisis han enlazado con unas peticiones nacionalistas que venían agudizándose desde la no aceptación del Estatut catalán por el Estado español, haciendo crecer enormemente el apoyo a las tesis soberanistas.

Las causas del creciente independentismo son, es cierto, más emocionales que racionales —esto, de hecho, las vuelve menos susceptibles de ser cambiadas—, como emocional es el comportamiento visto en muchas partes de España y en sectores conservadores del resto del país, donde se pide sojuzgar a la mitad catalana que pide la independencia, someterla a base de autoritarismo y, si hace falta, violencia. Lo que provoca un panorama de enfrentamiento visceral y poco abonado para el diálogo. Que sin embargo es más necesario que nunca.

En cualquier caso, lo que pone en claro la crisis de Cataluña es que la constitución de 1978, acosada por muchos otros flancos, ha caducado también en el capítulo territorial.

Ante esta situación, ¿qué hacer? Desde mi punto de vista: hay que conseguir más y mejores cuotas de democracia. La Constitución, y España con ella, necesita una profunda Regeneración Democrática. Regeneración que pasa, inevitablemente, porque el pueblo recupere el protagonismo político y vuelve a tomar el timón del rumbo del país. Pero para ello necesitamos un pueblo concienciado y movilizado. Políticamente activo.

En mi reciente libro “Ni Trump, ni Merkel, ni Rajoy” he explicado en detalle —porque un tema así requiere de unas cuántas páginas y de profundos análisis— cómo en el caso concreto de Cataluña, la regeneración sólo puede pasar por una modificación de la ordenación territorial sacralizada por la Constitución del 78.

Es necesario conseguir la configuración para Cataluña y el País Vasco de un modelo confederal definido mediante la figura de Estados Libres Asociados, basándose en una idea plurinacional del Estado español que sea recogida en el propio articulado de la Constitución, y previo reconocimiento de un derecho de autodeterminación pactado con ambos territorios y ratificado mediante referéndum.

Solo de esta manera, a mi entender, conseguiríamos un nuevo pacto constitucional que termine con las tensiones territoriales en España para un largo periodo de tiempo.

Como os decía, he desarrollado en profundidad este tema en “Ni Trump, ni Merkel, ni Rajoy”, una obra donde he reunido un centenar de ideas para salvar una democracia, la española, que está a todas luces muy herida.

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