COMENTARIO DEL LIBRO NITRUMP NI MERKEL NI RAJOY

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El nuevo hombre: uno de los fundamentos del neoliberalismo

El problema con lo que llamamos Neoliberalismo es que es mucho más que un sistema económica, en realidad funciona como una Cultura, en el sentido más amplio del término, que ha venido organizando y determinando en las últimas décadas las decisiones más importantes del ser humano occidental, su antropología.

Como digo en uno de los primeros apartados de mi último libro “Ni Trump, ni Merkel, ni Rajoy” (Seurat ediciones, 2017):

«El neoliberalismo se ha impuesto no solo como una opción ideológica, sino también como un Sistema Mundial Integral para la gestión de la economía y la política, de la sociedad e incluso de los propios individuos frente a sus desafíos… Y todo ello, no solo desde el sometimiento soportado por los países —que también; cuando los acreedores financieros internacionales aprovechan de vez en cuando para recordar cuáles son las reglas del juego haciendo subir vertiginosamente la prima de riesgo o descender el rating financiero de la deuda— sino, igualmente, desde la asunción convencida de que constituye la mejor interpretación de hechos y actuaciones ; con lo que nos situaríamos en una actitud mental no muy diferente de la aceptación voluntaria, similar a cuando pensamos en coger un paraguas cuando está lloviendo».

Es decir, el neoliberalismo ha producido un hombre nuevo, con una mentalidad y unas determinaciones nuevas.  En mi libro he llamado a este ser «El hombre neoliberal». ¿En qué se distingue esta criatura de sus predecesores? En que ha generado una nueva racionalidad, egoísta y economicista; se trata de «un hombre producto/consumidor de sí mismo y de todo lo que le rodea; un ser humano que se comporta según unos criterios de deducción y validación de argumentos nuevos, que ya no tienen nada que ver con los principios morales y jurídicos emanados de la cultura democrática». Para este nuevo ser, lo importante es él: su felicidad, su placer, su vida. Es individualista, competitivo y consumidor voraz, no solo de productos, sino también de relaciones, placeres, viajes,…  De hecho, Para él, la lógica general de las relaciones humanas se somete a la regla del máximo provecho.

Como corolario cabe señalar, pues, que sólo conociendo adecuadamente a este nuevo producto del Neoliberalismo y sus motivaciones y racionalizaciones —y para ello me permito volver a remitirles a mi libro “Ni Trump, ni Merkel, ni Rajoy”—, que en cierto modo es lo mismo que conocernos a nosotros mismos, pues todos estamos más o menos determinados por esta Cultura que todo lo impregna, podemos empezar a desmontar adecuadamente la sociedad Neoliberal. Es decir, necesitamos al mismo tiempo luchar contra las instituciones neoliberales y contra los verdaderos amos del mundo y desmontar, en muchos casos, nuestra propia manera de pensar para comprender hasta qué punto estamos siendo «esclavos» de esa monstruosa estructura Neoliberal.

http://goo.gl/jZ9Vot

http://goo.gl/hSMo5V

http://goo.gl/QBL8NZ

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Cataluña y la Constitución del 78: la necesidad de constituirnos en Estado plurinacional

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Casi nada de lo que ocurre estos días en Cataluña puede entenderse sin acudir a la crisis económica —deriva en política y social— que sacudió los cimientos de Europa y de España desde 2008, y que todavía continúa. La insatisfacción popular producida por los recortes sociales, los desahucios, el rescate a la banca y el largo etcétera de despropósitos tomó una forma especial en Cataluña.

Efectivamente, el independentismo catalán, minoritario hasta hace bien poco, ha crecido alimentado por la insatisfacción y descontento general por el mal funcionamiento del Estado y sus instituciones.

Efectivamente, las críticas al Gobierno central y a su gestión de la crisis han enlazado con unas peticiones nacionalistas que venían agudizándose desde la no aceptación del Estatut catalán por el Estado español, haciendo crecer enormemente el apoyo a las tesis soberanistas.

Las causas del creciente independentismo son, es cierto, más emocionales que racionales —esto, de hecho, las vuelve menos susceptibles de ser cambiadas—, como emocional es el comportamiento visto en muchas partes de España y en sectores conservadores del resto del país, donde se pide sojuzgar a la mitad catalana que pide la independencia, someterla a base de autoritarismo y, si hace falta, violencia. Lo que provoca un panorama de enfrentamiento visceral y poco abonado para el diálogo. Que sin embargo es más necesario que nunca.

En cualquier caso, lo que pone en claro la crisis de Cataluña es que la constitución de 1978, acosada por muchos otros flancos, ha caducado también en el capítulo territorial.

Ante esta situación, ¿qué hacer? Desde mi punto de vista: hay que conseguir más y mejores cuotas de democracia. La Constitución, y España con ella, necesita una profunda Regeneración Democrática. Regeneración que pasa, inevitablemente, porque el pueblo recupere el protagonismo político y vuelve a tomar el timón del rumbo del país. Pero para ello necesitamos un pueblo concienciado y movilizado. Políticamente activo.

En mi reciente libro “Ni Trump, ni Merkel, ni Rajoy” he explicado en detalle —porque un tema así requiere de unas cuántas páginas y de profundos análisis— cómo en el caso concreto de Cataluña, la regeneración sólo puede pasar por una modificación de la ordenación territorial sacralizada por la Constitución del 78.

Es necesario conseguir la configuración para Cataluña y el País Vasco de un modelo confederal definido mediante la figura de Estados Libres Asociados, basándose en una idea plurinacional del Estado español que sea recogida en el propio articulado de la Constitución, y previo reconocimiento de un derecho de autodeterminación pactado con ambos territorios y ratificado mediante referéndum.

Solo de esta manera, a mi entender, conseguiríamos un nuevo pacto constitucional que termine con las tensiones territoriales en España para un largo periodo de tiempo.

Como os decía, he desarrollado en profundidad este tema en “Ni Trump, ni Merkel, ni Rajoy”, una obra donde he reunido un centenar de ideas para salvar una democracia, la española, que está a todas luces muy herida.

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Así cambió la historia: el nuevo capitalismo

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A lo largo del siglo XX, la democracia alcanzó su plenitud como modelo político y social que establecía la soberanía del pueblo ciudadano, coexistiendo cómodamente con el modelo capitalista, en el marco de un amplio consenso para la implanta-ción, por parte de todos los gobiernos del mundo desarrollado, de políticas de redistribución de la riqueza, financiadas mediante subidas en el recaudación fiscal a través de la introducción de la progresividad en las escalas fiscales. Significativas subidas salariales convenidas para obreros y trabajadores, así como modelos de cogestión y reparto de beneficios en las empresas, no impedían que las rentas del capital, por su parte, también obtuvieran su porción magra en el reparto de la creciente riqueza que el progreso iba generando. A raíz de ello, los Estados aumentaron su tamaño y sus recursos, lo que les permitió poner en marcha nuevos programas de Bienestar Social que, además de mitigar las diferencias entre clases, pretendían propiciar un acercamiento en las oportunidades de prosperidad para todos, facilitando y garantizando el acceso gratuito a una serie creciente de servicios básicos esenciales para quienes no pudieran costeárselos, como la educación o la sanidad.

El gran cambio, y para muchos el grave problema, surge cuando la globalización, la tecnología y la financiarización de la economía adquieren impulso sobre todo a partir de los años setenta y rompen ese marco de referencia del Estado-Nación y las reglas que, a través de pacto entre capital y trabajo, regían el bien común.

Esta contrarrevolución reaccionaria, se asentaba entonces y persiste en la actualidad cimentada profundamente en tres dogmas fundamentales:

  1. A) “El Estado no es la solución, sino la causa de los pro-blemas”. (Ronald Reagan, expresidente de los Estados Unidos).
  2. B) “La sociedad y la ciudadanía como tal no existen; solo existen los individuos”. (Margaret Thatcher, ex primer ministra de Gran Bretaña).
  3. C) “La economía, en cualquiera de sus formas y especial-mente en sus nuevas manifestaciones y modelos, pasa a anteponerse a la política como germen esencial de la vida en sociedad, convirtiéndose esta, la política, en mero vehículo para la ejecución de los dictados de aquella… Los mercados no regulados son plenamente eficientes”. (Escuela Universitaria de Chicago).

En mi último libro “Ni Trump, ni Merkel, ni Rajoy. Cien ideas para salvar una democracia herida” he intentado explicar cómo desde ese primer liberalismo hemos llegado a una situación como la actual donde los derechos más fundamentales están en duda y donde Occidente para dirigirse hacia una sociedad dividida en una pequeña casta enriquecida y dominante y una multitud empobrecida.

Tenéis el libro disponible en Amazon goo.gl/QBL8NZ y en otras librerías. ¡Espero que os resulte interesante!

Mensaje para Twitter: Así cambio la Historia: del Bienestar al neocapitalismo más salvaje. [añadir URL] #capitalismo #libros #blog

 

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